El suelo bajo nuestros pies, no es un escenario estático; es un organismo vivo que respira, filtra y sostiene, siendo estas sus funciones ecosistémicas vitales (FAO e ITPS, 2015). Sin embargo, hoy ese organismo está perdiendo su capacidad de recuperación. Es alarmante, que mientras lees estas líneas, la proporción de tierras afectadas por la sequía está redibujando los mapas de biodiversidad y estabilidad económica del mundo. No estamos ante un fenómeno meteorológico pasajero, sino ante una transformación sistémica de la superficie terrestre.
El Objetivo Estratégico 3 (OE 3) de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), mitigar, gestionar y adaptarse a los efectos de la sequía a fin de aumentar la resiliencia de los ecosistemas y las poblaciones vulnerables. (CNULD, s. f.), no es simplemente una métrica estadística o un porcentaje en un informe anual; es el electrocardiograma de la resiliencia planetaria. Piensa que, medir la tendencia de las tierras afectadas es descifrar cuánto tiempo le queda a un ecosistema antes de cruzar el punto de no retorno hacia la desertificación irreversible.
La "resiliencia de los ecosistemas" mencionada en el objetivo, se refiere a la capacidad del suelo para mantener su productividad biológica incluso cuando las precipitaciones están por debajo de la media histórica.
El OE 3 no solo busca reaccionar ante la emergencia, sino transformar la vulnerabilidad en resiliencia. Los tres indicadores del OE3 describen los tres componentes del riesgo de sequía según el marco del IPCC (peligro, exposición y vulnerabilidad) y son los siguientes:
• Nivel 1/ OE3-1: Tendencias en la proporción de tierras en sequía sobre la superficie total,
• Nivel 2/ OE3-2: Tendencias en la proporción de la población total expuesta a la sequía, y
• Nivel 3/ OE3-3: Tendencias en el grado de vulnerabilidad a la sequía.
En este análisis, desglosamos la ciencia detrás del indicador: desde el uso de sensores remotos que detectan el estrés hídrico antes de que el ojo humano vea una hoja marchita, hasta la urgencia de traducir esos datos en políticas de supervivencia. Si la tierra pierde su humedad, pierde su vida, esto es para nosotros perder nuestra base de seguridad alimentaria y climática. Estamos a tiempo de entender la "huella de la sed" para aprender a sanar el territorio.
Para desglosar el indicador 3.1 (OE3-1), enfocado desde las tierras en sequía sobre la superficie, esta fundamentado en las bases metodológicas para monitorear y gestionar la sequía a nivel global (Barker y Tadesse, 2021), los puntos clave para entender cómo se mide y qué implica son los siguientes:
1.El Indicador: Tendencias en la proporción de tierras en sequía sobre la superficie total
Este indicador actúa como un termómetro de la salud del suelo frente al estrés hídrico. No solo cuenta cuánta tierra está seca, sino cómo evoluciona esa superficie en el tiempo. Para esto, analizan:
Variables de medición: Se suele utilizar el Índice de Precipitación Estandarizado (SPI) para identificar déficits de lluvia.
Enfoque geoespacial: Se cruzan los datos de clima con los de uso de suelo para determinar qué porcentaje del territorio nacional o global está bajo condiciones de sequía severa o extrema.
2. ¿Por qué es fundamental este seguimiento?
Medir la proporción de tierras afectadas permite a los gobiernos y organizaciones:
Identificar "Hotspots": Localizar áreas donde la degradación de la tierra se acelera debido a la falta de agua.
Priorizar inversiones: Decidir dónde construir infraestructura hídrica o implementar técnicas de agricultura regenerativa.
Evaluar la eficacia: Si la proporción de tierras afectadas disminuye o se estabiliza a pesar de condiciones climáticas adversas, las medidas de gestión están funcionando.
3. Componentes de la Resiliencia (Gestión Integral)
La Gestión Integral de la Sequía (GIS), se concibe en un cambio de paradigma científico y administrativo, para caminar de la "gestión de crisis" (reaccionar cuando ya no hay agua) a la "gestión del riesgo" (prepararse antes de que ocurra).
Para que este indicador mejore la gestión, debe abordarse desde tres frentes de acción:
Frente Acción Principal
Mitigación: Reducción de la vulnerabilidad mediante la conservación de cuencas.
Gestión: Sistemas de alerta temprana y planes de contingencia activos.
Adaptación: Uso de cultivos resistentes a la sequía y restauración de suelos.
Ya vimos cómo la ciencia mide la superficie del suelo que agoniza a través del indicador 15.3.1. Pero, ¿cuáles son los siguientes indicadores? En la próxima entrega, exploraremos el OE3-2 y el OE3-3.
Referencia
Barker, S. J., y Tadesse, T. (2021). Good practice guidance. Strategic Objective 3: To mitigate, manage and adapt to the effects of drought to enhance the resilience of vulnerable populations and ecosystems. United Nations Convention to Combat Desertification (UNCCD). https://www.unccd.int/sites/default/files/documents/2021-09/UNCCD_GPG_Strategic-Objective-3_2021.pdf
Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (CNULD). (s. f.). SO3: To mitigate, manage and adapt to the effects of drought to enhance the resilience of vulnerable populations and ecosystems. Manual de presentación de informes PRAIS4. https://prais4-reporting-manual.unccd.int/es/latest/SO3.html#id2
FAO e ITPS. (2015). Estado mundial de los recursos del suelo (EMRS): Resumen técnico. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y el Grupo Técnico Intergubernamental sobre los Suelos. https://www.fao.org/documents/card/es/c/c6814873-513d-4e97-9441-2eeef483f982/